“Me abrazaría al diablo sin dudar
por ver tu cara al escucharme hablar
eres todo lo que más quiero,
pero te pierdo en mi silencio.
Mis ojos son dos cruces negras
que no han hablado nunca claro,
mi corazón lleno de pena
El duelo. Proceso en el cual se experimenta emocional y cognitivamente la pérdida de algo o alguien querido. Proceso normal, de hecho saludable y recomendable vivenciar plenamente en la elaboración de tal pérdida.
Parece sensato lo postulado con respecto al duelo, es como vivir a fondo la pena con el fin de poder recomenzar una nueva etapa sin lo perdido y sin que eso nos afecte demasiado. Pero en casos en los que la pérdida no se refiere a muerte “real” de ese objeto querido, tiendo a cuestionar la actitud planteada para el proceso en cuestión. Dónde queda la esperanza?, es sólo necesario vivir esa tristeza de la pérdida pasivamente como un muñeco de trapo que espera que una circunstancia de la vida lo levante para recomenzar?, quién entrega la posibilidad de recuperar lo perdido?… La respuesta está sólo en nosotros, qué nos impide dar todo o arriesgar todo para recuperar aquello perdido?, quién dice que debemos quedarnos “tirados” viviendo una pena ineludible?. Sea cual fuere la decisión ante la perdida, es necesario estar preparado para asumir consecuencias. Hay veces en que a pesar de tener la alternativa de optar por recuperar lo perdido, decidimos vivenciar el duelo, convertirnos en un muñeco de trapo y acompañarnos de una soledad que sólo el tiempo dirá si fue la mejor opción.
1 comentario:
Comparto lo que escribiste, pero creo que en esos casos sí hay un muerto, y ese es la relación misma, la confianza, los sueños compartidos, los proyectos..en fin. Por cierto que es difícil superarlo, pero hay que saber que no hay que enterrar a la persona, sino a la relación.
Besos.
Publicar un comentario